Posteado por: mariandreasanchez en: Octubre 19, 2009
Me voy de aquí… Me voy a un “chuzo propio”. Gracias a la oportuna y contenta colaboración de don Carlos Caicedo a partir de ahora estoy en mi nuevo blog De todos los colores: Más limpio, más sencillo, más colorido, más juicioso (espero)… más mío!.
Gracias por haberme acompañado por este lado y están amable y honestamente invitados a “hacerme la visitica”.
Posteado por: mariandreasanchez en: Mayo 15, 2009
Un fin de semana, hace unos dos años y medio, estaba con una pareja de amigos en una finquita en Santuario. Lo más parchado en dos días de lluvia imparable fue fue jugar billar en un estadero sencillo, de esos de vereda, donde suenan vallenatos tipo “Te comeré a besitos nada más…” y venden tarritos de salchichas tipo Viena, Uva Postobón, Lecherita La Lechera, Cerveza Pilsen y Aguardiente antioqueño. Nada más venden. Allá, en el “Granero La Amistad” [Infaltable el nombre] jugamos toda una tarde billar a tres bandas apostando tapitas de cerveza y no plata. Yo jugaba mejor que Dianita, pero peor que Julián David. Salchichas, mucha Uva al clima y, por último, mucho aguardiente para el frío.
Ya como a las 8:30 de la noche, un poco prendidos y habladores, escuchábamos a don Migue, el dueño del granero-estadero-billar. Muchas historias de Santuario porque el señor nació y creció por allí: sobre los fundadores, los fantasmas, los visitantes, los guerrilleros. Muchas historias. También muchas preguntas de él hacia nosotros. Cuando fue mi turno don Migue me pregunta:
- Y usted monita a qué se dedica, ¿es estudiante?.
- No señor, yo ya me gradué.
- ¿De bachiller?
- No señor, de la Universidad de Antioquia, estudié Comunicación Social.
- Ah, entonces usted es periodista!
- No señor, no del todo, yo soy profesora y trabajo en Altair.
- ¿Altair? Ah, ese pueblo siempre es que muy bonito. ¿Entonces vive por allá?
[Algunos segundos de silencio. Ganas de reírme… -Pensá rápido Flaca, pensá- Dianita y David colorados de aguantar la risa… -Pensá Flaca!-]
- Si señor, hace como dos meses que estoy por allá.
[Con toda la seriedad del caso y poco deseosa de continuar la conversación porque fijo me gozaría a don Migue de frente]
- Eh, vea pues que tan juiciosa. Yo conocí Altair, Antioquia muy chiquito, uh avemaría, el abuelo Pepe me llevó. Fue hasta por allá a hacer un negocio con unas bestias.
El aguardiente se acabó. La conversación siguió por otro lado gracias a David que metió el tema del invierno tan eterno. El fin de semana parchado, mojado, tranquilo, no fue nada del otro mundo. Eso sí, desde entonces, a veces se me sale en medio de alguna conversación la expresión “Altair, Antioquia” sin que nadie entienda por qué carajos le empato el Antioquia al nombre Altair.La convicción con la que don Migue se refirió a Altair, Antioquia me dejó fría, -carajo, ¿será que si existe algún pueblo o lugar en Antioquia que se llame Altair?-. Me sentí avergonzada por mis ganas iniciales de gozarme al conversador señor y, sobre todo, aturdida por luego no saber si tenía la razón y y era una boba ignorante. Luego varias fuentes confiables me dieron la claridad: “¿Vos sos boba o qué?, o el señor es muy bobo o es muy vivo y te gozó el vos”.
La convicción con la que don Migue se refirió a Altair, Antioquia me dejó fría, -carajo, ¿será que si existe algún pueblo o lugar en Antioquia que se llame Altair?-. Me sentí avergonzada por mis ganas iniciales de gozarme al conversador señor y, sobre todo, aturdida por luego no saber si tenía la razón y y era una boba ignorante. Luego varias fuentes confiables me dieron la claridad: “¿Vos sos boba o qué?, o el señor es muy bobo o es muy vivo y te gozó el vos”.La convicción con la que don Migue se refirió a Altair, Antioquia me dejó fría, -carajo, ¿será que si existe algún pueblo o lugar en Antioquia que se llame Altair?-. Me sentí avergonzada por mis ganas iniciales de gozarme al conversador señor y, sobre todo, aturdida por luego no saber si tenía la razón y y era una boba ignorante. Luego varias fuentes confiables me dieron la claridad: “¿Vos sos boba o qué?, o el señor es muy bobo o es muy vivo y te gozó el vos”.
“El que no sabe es como el que no ve”… ¿o no?.
Posteado por: mariandreasanchez en: Abril 27, 2009
Ha sido mi casa por años. Mi crecimiento profesional y personal en una grandísima medida se llama Altair. Un día hace mucho rato, en mi época de estudiante, entré a llamar, a revisar el correo electrónico, a molestar la vida en la oficina 12-121 de la Facultad de Comunicaciones. Y así: entre especiales de trasplantes, boletines informativos de la agencia y Pulsar y como por arte de magia, sin saber en lo que me metía… ni a qué… ni por qué… así me cautivó, así me quedé: hasta hoy, corazón, por siempre, con el alma.
En Altair, más que en la misma práctica, más que durante toda la carrera, más que en cualquier otro lugar del mundo, he aprendido: a escuchar, leer, reflexionar, organizar, evaluar, enseñar, producir, aguantar, proponer, inventar, solucionar, recrear… crear!. A creer. A creer: en la gente, en la comunicación, en la radio, en Internet, en los contenidos, en el diseño, en la novedad, en la docencia, en la academia, en la Universidad. En Altair he logrado caer, recaer, estrellarme… para luego, siempre, hasta hoy, levantarme con más ganas y con el espíritu renovado.
Cliché y todo pero Altair, bien lo saben en mi casa [la natural], ha sido mi casa [la de corazón]. Horas y horas de estos muchos meses, sobre todo los de estos dos años y tres meses al frente de la dirección, mis pensamientos, ideas, procesos de construcción y de aprendizaje, todo ha estado concentrado en Altair, sin descansos en domingos, navidades o festivos. Mi cabeza, mi corazón, mis esfuerzos, todo, todito, concentrado en Altair: mi casa de corazón.
Seguro no he sido la directora más querida, ni la docente estrella, ni la funcionaria pública más ejemplar. De ello no tengo duda. Como si es fijo que he sido la más coloquial, la más impulsiva, la más eufórica y enloquecida. Seguro han sido más mi omisiones, negligencias, equivocaciones y pasos en falso. Seguro. Pero cada día, cada hora, cada segundo, mi dedicación, mi afán de evolución para el Laboratorio, sus integrantes del equipo, los estudiantes y ciberoyentes estuvo latente, honesto, fuerte.
Quiero a Altair, con todo lo que ello significa: su espacio físico, sus procesos, sus contenidos, las personas con las que por fortuna he podido trabajar y compartir. Con las trasnochadas y celebraciones. Con sus errores, precariedades; con los computadores viejos y con los nuevos, con los micrófonos prehistóricos y con los que estrenamos, con las caídas del servidor, con el cuadro de los indígenas que está en la entrada, con la chapa que cada día se destartala más y más, con el “mayami” que siempre está sediento pero dándole el toque verdecito natural al espacio físico. Quiero a Altair por todo lo que al lado de seres humanos insólitos he podido mejorar como mujer profesional: Fernando Zapata, Wihtman Quintero, Andrés Duarte, Lucía Restrepo Cuartas, Juan Pablo Tettay de Fex, Mauricio Morales, Alejandro Cárdenas, Juan Carlos Monroy… Jenny Giraldo, Camilo Baquero, Luza Ruiz, Nati Gil, Paula Cardona, Perla Toro, Angie Palacio, Andrés García, Juan Pablo Arroyave, Daniel Urrea, Laura Karo, Pedro Correa, Laura Cárdenas, Fernando Castro, Paula Camila Osorio, Daniel Pineda, Jorge Montoya, Jenny David, Alan Correa, Jorge Posada… Andrés Montaño, Lina Velilla, Maria Isabel Naranjo, Isabel González, Evelio Ramírez, Andrés Felipe Pérez. Nada raro que se me escape algún nombre… eso, ya se sabe, me pasa naturalmente y no por mala intención. Es mucha la gente que gracias a Altair tengo en el corazón y a la cual le debo mi más sincera admiración y gratitud [Así se lea cliché].
Me voy claro, con una tristeza profunda. Pero con la convicción de haber hecho las cosas al derecho, con todo mi espíritu, con toda la fuerza, las ganas, la emoción, la honestidad, la alegría. Me voy tranquila, contenta por todo lo anterior. Me voy con mil ideas en la cabeza producto de muchas horas de trabajo o descanso en las que se me ocurría: “Eh, qué nota hacer esto”, “Qué parche hacer con Altair tal y tal cosa…” Y así… pensamientos cientos dedicados a mi casa de corazón.
Es extraño porque ahora mismo, tras la publicación y envío de esta nota, empiezo a organizar lo que queda para dejar el camino despejado a la nueva dirección de Altair y, a la vez, a organizar-reorganizar mi vida: a buscar trabajo. Nunca me ha tocado hacerlo y no se cómo arrancar… así que si alguien tiene experiencia o ideas sobre cuál es la forma más bonita, transparente y respetuosa para “pedir” trabajo, agradezco enormemente que me la cuente.
Ya me voy de Altair. Pero sigo, claro, desde donde esté, aportando y apoyando todo cuanto me sea posible porque los amores de la vida nunca se olvidan: se les desea la mejor de las suertes, se les llama o se les escribe de vez en cuando, se les visita si la cosa no termina muy mal… y bueno, por fortuna mi relación amorosa con Altair no podría de ningún modo terminar mal. Entonces aquí estoy: despidiéndome de un cargo formal con la absoluta certeza de convertirme, si me lo permiten en un futuro, ser una madrina amorosa, propositiva y entregadita.
Gracias, millón de gracias para Altair y para todas las personas que desde sus buenas energías y aportes me ha permitido estar aquí por tantos años: como amiga, estudiante, colaboradora, docente y directora. Chau Altair!.
“ALTAIR libre” era la consigna que para la nueva etapa proponíamos. Parece que se cumplió [cuidado con lo que desean]: Liberadito de mis locuras, regaños, inventos, carreras, despelotes y disparates. Ya viene una nueva emisión: Con sangre nueva, con ganas e ideas de otros colores y sabores. Sigan muy pero muy conectados porque pronto recibirán noticias recargadas y alentadoras sobre este Laboratorio de Experimentación Digital que a tantos nos ha entregado… tanto, tanto.
Posteado por: mariandreasanchez en: Abril 13, 2009
Posteado por: mariandreasanchez en: Marzo 29, 2009

8 ruedas es una idea hecha realidad que revela que las cosas a las que se le pone corazón si se pueden realizar. Y bueno, casi siempre, más allá de lo imaginado, las cosas con corazón dejan resultados emocionantes, fuertes, sacudidores.
En la presentación que pueden encontrar en 8 ruedas se cuenta que es “un viaje, un experimento, un aprendizaje. Una persona decide irse en un camión sin ninguna intención y con el ánimo de contar toda su experiencia…”. Sin querer cambiar vidas, sin querer impactar así o asá, 8 ruedas es una idea que hace un tiempo se le ocurre a Francisco Cárdenas [cinealoido]. El experimento sin ambiciones específicas es apoyado de entrada por Juan Felipe Toro [pipetoro], Matías Jaramillo [matiasjajaja], Víctor Hugo Hernández [vik407], José Gómez [buoka], Carlos Mario Tobón [carlosmtf], Federico Ruiz [federicoruiz] y, sin temor a equivocarme, por otro montón de personas que desde el inicio le vieron “la gracia” al asunto.
Esto de contar historias a muchos se nos ocurre cada rato. “Contar historias de país”, claro, muchos medios lo han hecho: “Relatos de viaje” en Teleantoquia, en Caracol Noticias [tv] la sección “Bancolombia más cerca” al final de la emisión del mediodía. Lo que hizo hace poco tiempo la marca Chevrolet con “On the road” con blogueros latinoamericanos que pusieron a visitar los “lugares más representativos” de sus respectivos países. En fin. A lo que voy es que esto que ha hecho 8 ruedas no lo hacemos todos… por más que “ya se nos había ocurrido!”:
Gestionar un viaje en un camión, proveerse Internet permanente, sacar energía para dormir poco y aprovechar para contar en caliente las historias que surgen dentro de un camión y al bajarse de él en algún paraje colombiano: eso no lo hace cualquiera. Eso de dejar “asuntos cuadrados” con los compromisos laborales ya adquiridos, de montarse en un camión y simplemente arrancar a ver qué resulta… bueno, eso no lo hace todo el mundo.
Esta puede ser una entrada aburrida y carente de objetividad, no lo dudo. Quise desde hace muchos días, desde el inicio “oficial” de 8 ruedas, escribir algo para mi blog y para el de Altair. Arranqué la primera noche, cuando Pacho por fin había salido para Bogotá [y no para Cali como estaba previsto dos días atrás]. Escribir, releer, borrar, volver a escribir… durante días no me ha gustado el resultado. ¿Por qué?. Porque me parezco muy cursi, muy romanticona. Ahora decido publicar porque ni modo, cursi y romanticona como se lee, esta es mi percepción transparente, emocional, pero que también nace de la crítica y de la evaluación de una propuesta que se me hace atractiva, inteligente y muy valiosa.
Esto que escribo [saben los que han hablado conmigo en los últimos días] es un exacto reflejo de lo que digo todo el mundo sobre esta idea hecha realidad. Mi percepción, sí, está cargada de un profundo amor hacia el viajero y muchísima admiración y cariño hacia las otras personas que con su brillantez y entusiasmo le han aportado baterías al viaje-proyecto-idea-experimento. Este no es un reporte detallado, no es un informe periodístico, no es una reseña para un blog… es, ni más, ni menos, una catarsis que hago de todo este orgullo y enamoramiento que siento hacia 8 ruedas, hacia lo que ha logrado transmitir. Es una confesión de admiración y confianza hacia las ideas que a Pacho se le ocurren, a la devoción y esmero que le pone a esas vainas simples pero bonitas que se le pasan por la cabeza.
Viaje-proyecto-idea-experimento… Yo no se muy bien cómo definir a 8 ruedas. Si alguien me preguntan me enredo: 8 ruedas es 8 ruedas!. Es la posibilidad de, a través de imágenes, videos, textos y micro textos, conocer las historias que se van soltando durante un viaje en camión por las carreteras colombianas. Historias de gente, espacios, caminos, oficios, agüeros, leyendas… de sensaciones y preocupaciones, de sueños… de vidas. Historias de Colombia, de esas que por Caracol y por los grandes medios de Colombia es complicado conocer porque siempre habrá previa sesión de maquillaje, producción, acomodación de testimonios… “porque el tiempo en televisión es oro” [por ejemplo]. 8 ruedas es natural, simple, provocativo para mí, improvisado si se quiere… aleatorio, sorprendente. Es honesto, limpio, transparente… 8 ruedas es 8 ruedas!. ¿Muy romántica?… fijo!. Uno es romántico cuando está enamorado, y claro, es que también es posible enamorarse de ideas que se desarrollan y se proyectan así: rodeadas de sinceridad, berraquera y energías maravillosas que dicen: ¡adelante!.
Me gusta 8 ruedas, me emociona. Me sacude por dentro. Me hace pensar que si se pueden hacer cosas de puro arranque, [o de puro parche como decimos en Medellín], sin tanto complique, con poco dinero, sin patrocinio de entrada, con muchas ganas, juicio, creatividad y, muy importante y evidente: con todo el corazón.
:: Qué dicen? ::