Posteado por: mariandreasanchez en: Enero 13, 2008
Esta noche por primera vez, e inesperadamente, Tom pudo atrapar a Jerry; y lo que es más, lo hizo temblar del susto.Quizá desde que tengo uso de razón veo a estos dibujos animados. Mi predilección en este sentido se la han disputado esta pareja de gato y ratón, con Los Pitufos, La Pantera Rosa y Candy. Los Supersónicos fueron por largo tiempo muy de mis afectos pero nunca entraron firmemente a la contienda, quizá por falta de carácter.
Desde niña he presenciado, gracias a largas horas frente al televisor, el sufrimiento de Tom no poder alcanzar y devorar a Jerry y, por si fuera poco, por ser víctima del ingenio del roedor que, en su defensa, logra hacerle los días insufribles. Una y otra vez el aparente minúsculo, simpático e indefenso ratoncito se inventa alguna vaina para dañarle el caminado al estúpido gato. Aquí, sin pretender dejar moralejas como las de Samaniego en sus fábulas, permítanme apuntar que en esta serie animada se revela con gran maestría como el tamaño no importa, como no necesariamente es proporcional a la efectividad de las acciones.
Confieso que mi simpatía por Tom & Jerry va muy de la mano de la curiosidad. Se trata de una voyerista sed de ver qué más puede pasar, hasta dónde pueden llegar, con qué van a salir los productores después de años y años de fraguar persecuciones, inimaginadas trampas, revolucionarias cacerías. Ingenio, en suma, se me hace que es el más pertinente calificativo para definir a los personajes y más que a ellos, a sus creadores y quienes los han mantenido al aire con largo aliento.
Si que le he echado cabeza a estos dibujitos animados, al carácter de sus personajes y a las sencillas pero cautivadoras historias. Tampoco como enseñanza, es sólo mi reflexión. Con Tom & Jerry me he puesto a pensar en cómo las acciones siempre son más dicientes que las palabras. Ni siquiera a un nivel espiritual, me refiero a lo básico, a lo cotidiano. Cuando a los productores hace algunos años se les ocurrió la fantástica idea de dar voz propia a los personajes, la serie para mi perdió el encanto. Lo perdió, del totazo y cuando pasaba por Cartoon Network y me encontraba con semejante “caricaturicidio” la reacción instantánea no era otra que pasar el canal o apagar el televisor Zenith que por 21 años, fielmente, me ha acompañado.
El punto es que justo lo que atrapa de Tom & Jerry es la acción, o mejor, la cadena de acciones, una más suspicaz que la otra, que van dando cuerpo y sabor a ese tira y afloje de “a que te cojo ratón, a que no gato ladrón”. Eso es lo rico. Que no digan ni una sola palabra, los intentos fallidos del gato por atrapar a Jerry, los gestos pícaros y satisfechos del pequeñito, las huidas enojadas-desesperadas del pobre gato. Eso el lo bueno. Y, como en la vida real, eso es lo duro: actuar solamente, y no hablar por hablar para nunca actuar, o hacerlo a medias. Difícil la han tenido los productores de esta serie. Otros animados como La Pantera Rosa, sin restarle interés porque si qué me ha gustado también, se ha ayudado de recursos como el narrador omnisciente y letreritos que aclaran el hilo conductor de la historia; similar a como sucedía en su época en el cine mudo con Chaplin.
En Tom & Jerry se da una sinfonía deliciosa entre el actuar y el sonar de músicas aunque sencillas, impresionantes; se da un complemento tranquilo entre ambos elementos, privilegiando el segundo el real atractivo del primero. Eso es, entonces: acción + sonido = particular relación entre los dos animalitos.
En el episodio de esta noche, el que me hace levantarme a escribir, quedé terriblemente sorprendida con lo maléficos que pueden tornarse estos animados y con la atención que siguen cautivando miles de emisiones después de la primera…¡desde 1940!. Me sorprendió la dureza de Jerry, tan pequeñito y tan cruel y, por fin, la decisión de autodefensa del imbécil de Tom.
La síntesis del episodio es que Jerry intenta por todos los medios que el gato se suicide (no es una trama muy dirigida al público infantil, en mi concepto). Así, siempre mientras duerme el gris gato: le obliga a dispararse en la cabeza, por fortuna, con nula puntería; le echa, literalmente, la soga al cuello; le hace tirarse encima una lámpara gigante de esas de estilo colonial; le hace volar por los cielos, atravesando concreto, techo y pájaros a su paso. Ileso, como siempre, quedó Tom, pero eso sí, irácundo como nunca lo había visto. Entre suicidarse, ya bien desesperado o vengarse de Jerry, Tom optó por la segunda. Sacó ingenio de Dios sabrá dónde y persiguió al ratoncito malvado hasta alcanzarle. Al final, lo metió en una botella con un montaje que no más en los dibujos animados es viable, de modo tal que si al roedor se le ocurría huir, sacando el corcho, recibiría como respuesta una bala, del arma, justamente, con la que un principio había hecho que se disparara en el copete. Un buen e insospechado episodio.
Eso es lo rico de Tom & Jerry. La permanente sorpresa, el juego de persecución, el tira y afloje, el ingenio, la perversidad, la simplicidad. En suma, lo parecidos que se me hacen a nosotros, los seres humanos de carne y hueso en la más mínima expresión.
Muy buenas las comiquitas pero Jerry siempre se sale con la suya y por eso no me gustan
Julio 23, 2008 a 1:23 am
Los dibujos animados sí que encierran elementos de la sociedad moderna. Sí que tienen mensajes ocultos, sí que tienen poder.
También crecí viendo Tom y Jerry y también le hice siempre barra al gato. Y al Coyote, y a Silvestre … siempre por el débil, tal vez. Crecimos con los mismos dibujos y compartimos la molestia con la pérdida de la esencia al ponerles voz (o la forma, “el chavo” animado o “betty la fea” animada nunca será lo mismo) y el gusto por los “tradicionales”. Compré el DVD con “LAs carreras locas” cuando pude porque siemrpe fue mi programa favorito … siempre haciéndole fuerza a “Pierre Nodoyuna”, claro.
Al fin y al cabo son espejos de nuestra sociedad, y tal vez por eso nos gustan tanto, tal vez por eso nos identificamos siempre con algún tipo de personaje.